dimecres, 16 de maig del 2012

Te quiero, pero no se lo digas a nadie


Te quiero, pero no se lo
      digas a nadie

En un pequeño pueblo de Catalunya  vivia un joven de 20 años llamado Álvaro. Era un chico rubio, de estatura normal y con ojos azules. Era deportista y practicaba futbol en el C.F.Amposta. Tenia su propio estilo, es decir, se peinaba a su manera, siempre cogia gomina y se hacia una cresta hacia atràs. Era un chico estudioso ya que hacia AFE, un módulo para deportes y también iba al instituto Montsià.
Era un viernes de mañana lluviosa, con mucho frio y humedad. Todos los alumnos fueron al gimnasio a hacer body combat. Entraron todos con prisa y rapidamente, para no seguir mojándose. Dejaron las chaquetas y las mochilas al suelo y fueron delante de un pequeño radiador que se encontraba en la sala del fondo. Álvaro fue el primero de correr hacia el, pero se encontro una chica haciendo estiramientos.
Fue un momento intenso, sus miradas se cruzaron, las pupilas de Álvaro se dilataron y se quedó fijamente mirandola. La chica le miro timidamente y luego se oyo un grito que decía: “Álvaro desamparrate!”, Álvaro reacciono y vió que se había quedado sin sitio en el radiador. Nunca había visto a esa chica, se quedó impresionado ante su mirada.
Despues de lo ocurrido la chica llamada Anna, a través de las redes sociales lo busco, ya que había oído su nombre.  Aquella noche el no sé corto ni un pelo, y le habló preguntándole si era la chica del gimnasio. Estubieron hablando varias horas, conociéndose. Ella le dijo que era de Amposta, tenia quinze años y estaba dentro del Centro de Tecnificación, ya que era subcampeona de España en lanzamiento de Martillo.
Álvaro no sabia que le estaba pasando, era como si tubiese la necesidad de hablarle a todas horas, solo pensaba en ella.
A la mañana siguiente, volvieron a coincidir. Él le sonreia y le hacia bromas, siempre era lo mismo. Hablaban por la red social, y cuando se encontraban, sin pensar les salia la sonrisa sola.
Aquella misma tarde, hablaron por la red, Álvaro le habló muy cariñoso.
-¡Buenas tardes princesa!                                                                                                      
 Anna no supo como reaccionar, puso cara de sorpresa y se le escapo la sonrisa.                  

Estubieron horas y horas hablando, las horas les pasaban como minutos, cuando Álvaro se dió cuenta de la hora que era, se sorprendió y vió que Anna estaba empezando a formar parte de su vida.
Tenia miedo, empezaba a sentir algo que no tenia previsto, no era malo, pero la diferencia de edad para él era muy importante. Se fue a dormir, se tumbó en la cama y se quedó pensando.  A la mente solo le venían imagenes de ella, de su pelo rizado y sus ojos color miel. Pensó que si se distanciaba un poco de ella, podria seguir haciendo su vida, pero tambien se dió cuenta que no era posible. No havia dia que no pensara en ella o no la viese por el gimnasio o instituto. Así que despues de pensar y pensar, decidió seguir adelante y el tiempo lo diría todo.
Era viernes, ultimo día de clase de la semana. Eran las doce y media cuando se encontrarón. Se sentaron uno frente a otro, distintas salas pero se podían ver perfectamente. Álvaro cogió el móbil y le empezó a enviar mensajes:
-A entrenar eh!
-Eso tu, que estas ahí sentado sin hacer nada.
-(jaja) Oye quería decirte algo..
-Haber dime
-No quiero que mal interpretes mis señales, se que puede parecer algo más, pero soy así de simpático y cariñoso. No quiero hacerte daño.

Cuándo Anna vió el mensaje se le paro el corazón, no sabía que hacer, se sentía frustrada y agobiada. Estava confusa, se había ilusionado sola y había creído cosas que no eran. Ella quiso aparentar que estaba bien y le contestó:
-No te preocupes, sé perfectamente que somos amigos y nunca seremos nada más.
-Uf, me has quitado un peso de encima, temía hacerte daño.
Esta fue la contestación de Álvaro, pero mintió. Mintió totalmente, él sabía perfectamente que la quería pero su orgullo no le dejaba ser sincero.

Cada uno se fue hacia un lado sin decir nada más. Los caminos se separaban, desde cada uno se veía a la otra persona más pequeña. Álvaro se dió media vuelta y vió como su mejor amiga le abrazaba, supo que estaba mal, le había hecho daño. En ese instante, recordó los momentos en los que se giraban y sonreían, cuándo todo parecía perfecto.

Álvaro se fue a casa, no tenia ganas de nada, sentía como si lo que le empujaba para seguir adelante había dejado de existir. Recogió sus cosas y se fué hacia el coche. Fue a abrir el maletero donde vió escrito en el cristal del coche, “¡bromista!”, sé lo escribió Anna hacía un par de días. Al leerlo vió que se habia equivocado, era mejor perder su orgullo por la persona a la que quieres, que no perder a la persona que quieres por orgullo. Entonces le sonó el móbil, era un mensaje de Anna que decía:
“No te preocupes por las señales que mal interpreté, quiero que sepas que.. Soy la persona más feliz del mundo cuando me dices "hola" o me sonries, porque se que, aunque haya sido solo por un segundo, has pensado en mi”.
Vió que podia tener quince años, cinco menos que él, pero también vió que la edad no importa, así que le contestó el mensaje: “Anna lo siento, siento haberte hecho daño. No mal interpretaste nada, mi orgullo pudo conmigo. Pero que mas da, dejemos la edad a un lado y disfrutemos de lo nuesto. Te quiero princesa”.
Acto seguido corrió, corrio hacia dónde se habia ido ella, la busco por todos los lados pero no la encontro. Cuándo se dió por vencido vió que una chica bajaba las escaleras, se dió la vuelta y ahí estaba, era ella con su encantadora sonrisa. Camino lentamente hacia ella y le preguntó:
-¿Puedo confesarte algo?
-Claro.
-Tu sonrisa, es la sonrisa mas bonita que he visto nunca.
-Esa sonrisa solo existe cuando estoy contigo.
La rodeo con sus brazos, la abrazó muy fuerte y le dió un beso suave en la mejilla. Ella le miró fijamente, fué bajando la mirada asta econtrarse con sus labios, le dió un beso y enrojeció. No pudo contenerse y la besó varias veces.
Acto segudido le susurró:
-Te quiero. Pero no se lo digas a nadie.
-¿Porque?
-Porque yo se lo voy a decir al mundo.
-¿Y porque lo dices tan flojito?
-Porque mi mundo eres tu.